El Euromillón de cada día

A veces, la buena suerte no es más que una actitud positiva. Por eso, conviene, de vez en cuando, pararse a hacer recuento de la suerte que tenemos en lugar de tanto pensar en la que deseamos. Por ejemplo, hoy me he levantado pensando en lo afortunada que sería si me tocase el Euromillón de una vez, que ya va siendo hora después de tantos años cruzando los dedos. Y sí, sería una suerte (o más bien, habría sido una suerte, porque ya he visto que no me ha tocado), pero… ¿y la suerte que ya tengo?

Si alguna vez sientes algo parecido, te recomiendo hacer una lista como esta, con las cosas que a ti te parezcan, claro, esto es muy personal, pero te pongo algunos ejemplos por si te sirven de inspiración. A algunas solemos darles valor, otras, ni nos paramos a pensarlas porque nos parecen casi obvias y no lo son, para nada lo son:

–          En mi familia hay amor a raudales para todos;

–          Tengo dos piernas con sus dos pies que me llevan a todas partes;

–          Soy capaz de recordar con una sonrisa a aquel ser querido a quien tanto añoro;

–          Distingo colores, veo objetos, leo todo lo que quiero;

–          Conozco y aprecio a un montonazo de gente de buen corazón;

–          Hay comida en mi nevera y esta noche hemos dormido bajo techo;

–          Conservo amistades que durarán eternamente;

–          Saboreo un café recién hecho mientras disfruto escribiendo esta lista;

–          Puedo recordar tantos momentos de risas en mi vida que hasta me río de pensarlo;

–          Hoy voy a pasar el día rodeada de gente a la que quiero;

–          …

Y así, poco a poco, te vas dando cuenta de que el Euromillón te toca cientos de veces cada día, empezando por el momento en el que asistes al milagro de despertarte.

Después de esto, hoy no volveré a pensar en la suerte que deseo y disfrutaré de la que ya tengo. Mañana, como soy humana, pues no sé…, quizás vuelva a jugar el Euromillón, quién sabe, pero eso sí, cuando por enésima vez no me toque, volveré a sentirme afortunada 🙂

amara con flor

Amara Castro Cid

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Abrazos que valen más que mil palabras

Una de las mejores cosas que podemos darle a un amigo es un abrazo. Me refiero a uno de estos tan sincero y apretado que sirve para ahogar cualquier pena o para celebrar cualquier alegría.

Durante este verano, he tenido la suerte de recibir abrazos a mogollón gracias a la aventura de la novela. Bueno, pues resulta que me ha dado por fijarme en los distintos tipos de abrazo. Todos son reconfortantes, incluso aquel que te da una lectora anónima tras comprar el libro y hacerse una foto contigo. Pero los abrazos que más me han entusiasmado estos días han sido los de los reencuentros.

Es impresionante la carga emocional que encierran estos apretones. ¿Tiene algún precio volver a ver a tu vecina de la infancia y compartir un abrazo sincero? En unos segundos, como cuando te vas a morir y te pasa toda tu vida por delante, en un instante de nada, afloran apresuradas ráfagas de recuerdos y en un totum revolutum te ves con tu vecina y amiga en cientos de imágenes: andando en bicicleta, disfrazándote de hada, jugando a los barriguitas o merendando unas filloas. Y los cuerpos se separan y aparecen dos enormes sonrisas y esa mirada cómplice que habla sin hablar. Entonces llega la segunda parte, la más curiosa, el abrazo de rebote, ese que no puedes evitar porque te has sentido tan a gusto con el primero, que necesitas un segundo apretón como para comprobar que aquella visión es real, que la persona con la que tanto compartiste y a la que le habías perdido la pista, está ahí en carne y hueso. Y sigues con la sonrisa puesta porque es un momento muy especial. Esta vez, al separarte, coges a la otra persona de las manos, para seguir tocándola y comprobando que es de verdad, que está ahí contigo, tan cerca que la puedes tocar. La conversación que viene después no tiene desperdicio y el aire se llena de risas y anécdotas que creías olvidadas. Tras el intercambio de contactos, sientes que has recuperado un tesoro perdido y llega el último achuchón, el del propósito de volver a verse, tan reconfortante como los anteriores porque promete emociones nuevas y te deja una sonrisa en el alma.

Y con una sonrisa en el alma, precisamente, me despido por hoy con esta foto para que podáis comprobar la cara de pánfila que se me queda siempre después de un buen abrazo de reencuentro 🙂  Os deseo, queridos lectores, que la vida os traiga muchos achuchones sinceros y que ahora, al leer esto, hagáis memoria y se os ponga una sonrisa al recordar algún abrazo muy especial.

abrazo simone

Amara Castro Cid

Entrañable

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Una presentación tan entrañable como la novela.

Cuando entré en la sala de conferencias para celebrar un sueño hecho realidad, flotaba en el ambiente tanto cariño que me pareció que yo misma iba por el aire más que pisar el suelo. Es sobrecogedor que te reciban con un aplauso tan sincero y con unas  sonrisas tan amigas. Las vibraciones positivas eran tan claras que hasta se podían leer los buenos deseos en las expresiones del público. Aquellas miradas lo decían todo: que te vaya genial, te deseo lo mejor, te lo mereces, que tengas todo el éxito del mundo,… Fueron frases que escuché después con la extraña sensación de haberlas oído antes.  Recibir semejante aplauso me ha llenado de una satisfacción infinita que seguiré saboreando el resto de mi vida.

Las palabras que me regaló Ana Lago-Bergón fueron, sin duda, la presentación más entrañable que ningún escritor del mundo haya tenido en su debut. Escrita desde el cariño y leída con el corazón. Se me vuelve a poner un nudo en la garganta al recordarla. Mi querida Ana, fue una sensación increíble estar a tu lado en ese día tan especial pues ambas tenemos la suerte de tener una familia que se quiere y se apoya como la de la novela. Todo me queda pequeño para expresarte desde estas líneas mi más profundo “gracias”. ¡GRAAAAAAACIAS con mayúsculas Ana Lago-Bergón!

Si me preguntasen con qué instante me quedo, no tengo duda, con el de levantar la vista y ver la emoción suprema reflejada en las caras de mis padres y mis hermanos. Cuando sea muy viejita y mire hacia atrás repasando mi vida, esa será una de mis imágenes preferidas: mis padres y mis hermanos tan orgullosos de mí como yo de ellos. GRAAAAAAACIAS a todos por hacerme tan feliz y si llevo toda la vida siendo una mimada… bueno, y qué.

Y hablando de padres orgullosos…, ¿qué me decís del momentazo que me regaló mi hija Tecas? Me derretí de amor al verla subida a la tarima leyendo aquel fragmento y su abrazo fue el mejor bálsamo de paz que se pueda imaginar. GRAAAAAAACIAS Tecas por ofrecerme en ese día, como siempre, lo mejor de ti.

Algunos me han preguntado si me puse muy nerviosa durante la exposición. Bueno, algo sí, claro, pero no mucho, estaba mucho más embargada por la emoción que nerviosa. Cuando sabes que hay alguien tan pendiente de lo que te pueda hacer falta, estás en tu paz. Por supuesto, ese alguien es mi Javi, quien con un corazón que no le cabe en ese cuerpo tan delgadito, ha hecho posible que la novela llegase a ser una realidad. De no haber sido por todo lo que hizo mientras yo me dedicaba a escribir tan ricamente, nunca habríamos llegado a buen puerto. Su mirada desde el público me cogió de la mano y me hizo disfrutar de cada minuto que pasé subida a la tarima. ¡GRAAAAAAACIAS por tanto amor del bueno mi Javi querido!

Ahora me resulta curioso pensar que antes del evento estaba preocupada por si el vino de Oporto y el bizcocho serían suficientes. Hay que ver qué insignificantes se vuelven esos detalles cuando estás inmerso en lo que de verdad importa: el cariño de los presentes. Por eso, a todos los que habéis estado conmigo regalándome taaaaaaantos aplausos, taaaaaaantas sonrisas y alguna que otra lagrimilla de emoción, en una sala enorme repleta de entusiasmo, GRAAAAAAACIAS. Espero que ahora disfrutéis muchísimo con la novela y que cuando terminéis de leerla os quedéis con buen sabor de boca y calorcito en el alma.

Y con esto y un bizcocho…

portada con esto y un bizcocho

Amara Castro Cid

 

Con esto y un bizcocho

 

presentacion novela VigoDespués de algún tiempo, muchos lectores del blog se preguntaban si me habría tragado la tierra. Gracias a Dios, solo estaba más inmersa en la ficción que en la realidad, sumergida en un proyecto que está a punto de ver la luz.

Tengo el enorme gusto de anunciaros que voy a publicar mi primera novela. Estoy que no quepo en mí de la emoción. Siento esos nervios que aparecen cuando haces algo con todo tu cariño y, al terminar, ves que te ha quedado bien, muy bien, y crees que le va a gustar a mucha gente. Seguro que el diccionario explica genial este sentimiento en la entrada de la palabra “satisfacción”.

Durante más de tres años de trabajo, he disfrutado cada línea y cada noche en vela. He sufrido con mis personajes y me he alegrado por ellos cuando han superado sus dificultades. Ahora ha llegado el momento de dejar que otros los acompañen y se emocionen con ellos.

Se avecinan tiempos intensos, plenos de vivencias irrepetibles, que podréis seguir de cerca en:

https://www.facebook.com/conestoyunbizcochoamara

Y con esto y un bizcocho…

 

 

No me debes nada, nada de nada

madreCon motivo del día de la madre, una de mis hijas colgó en su Instagram una foto en la que estábamos las dos juntas, muy felices, cuando ella era pequeña. Hasta ahí, todo normal. Pero resulta que debajo escribió una frase que decía algo como “Todo lo que soy, te lo debo a ti”. Desde entonces, vengo dándole vueltas a tal afirmación. Ella la escribió con todo el cariño del mundo así que no quería contrariarla pero… hoy que cumple 13 años, he decidido dedicarle este post.

Querida hija:

Lo siento pero no es verdad, no me debes nada de lo que eres. Unos cromosomas de nada, vale, y ni siquiera todos, solo la mitad. Pero quitando eso, todo lo demás te lo debes solo a ti. Eres tú quien va determinando, cada día, en cada decisión, por pequeña que te parezca, quién eres y quién serás. La vida es un camino de incógnitas, es una ecuación en la que, para ti, siempre ha sido fácil despejar la equis. Porque lo tienes claro: elegir lo bueno y desechar lo malo. Así de simple. Así es como te has ido convirtiendo en la persona que eres.

Y te puedo asegurar que lo estás haciendo muy bien. ¿Te acuerdas de la peli de Sonrisas y Lágrimas, aquella que vimos tantas veces juntas y que casi te sabías de memoria? Bueno, pues como le dijo Froilan María a Gretel en la peli, “tú ya eres toda una señorita”. Eres aquella niña que creció regalando sonrisas, siempre haciéndole la vida más fácil a todo el mundo para convertirte en esta señorita que sabe hacer de lo pequeño, algo muy muy grande.

Tú, y solo tú, has decidido llenar de flores el jardín de tu vida y has sabido crecer ganándote el amor incondicional de tanta gente que pierdo la cuenta de las personas que estaría dispuestas a dar su vida por ti ahora mismo, sin dudarlo. Eso te lo has ganado tú, cada día, en cada decisión, créeme,… con cada beso que has dado, con cada palabra de aliento, con tu saber estar en todo momento y en cualquier lugar, con tu respeto por los demás, con tu buen hacer, con cada abrazo.

Por mi parte, de momento, solo me queda seguir intentando buscar lo que buscamos todos los padres del mundo: el equilibrio entre darte raíces y darte alas. Y tú, seguirás creciendo feliz y libre para elegir. Porque sé que elegirás lo bueno y desecharás lo malo. Porque confío en ti. Porque estoy tan orgullosa de ti… Sigue así, sigue adelante tal como eres y sé siempre tú misma, así sabrás que lo estás haciendo muy bien. Corre, salta, vuela y disfruta cada instante saboreando la satisfacción del deber cumplido y las cosas bien hechas. Imagina, ilusiónate y lucha por tus sueños respetando a quien te vayas encontrando en tu camino, tal como has hecho siempre y como estoy segura de que seguirás haciendo.

No me debes nada, nada de nada. Soy yo quien te debe a ti tantas alegrías, risas, sonrisas,… tantas lágrimas de emoción (tantas Sonrisas y Lágrimas 🙂 ) y, sobre todo, tanto amor del bueno. Empecé a quererte antes de que existieses, te quiero ahora tal como eres y te querré siempre, seas como seas.

No me debes nada, nada de nada.

Un beso en la frente,

Mami

¿Morirse será como nacer?

Cuando estaba en el vientre de mi madre, pensar en cambiar de aires, ¡me daba un pánico…! Me asustaba la idea de nacer. Me encontraba tan a gusto ahí, flotando, calentita,…

Bueno, pues yo creo que morirse va a ser como nacer. Va a resultar que igual es algo genial y lo que pasa es que nos da miedo porque no sabemos cómo es.

Hay miles de formas de ver la muerte y lo que nos espera a continuación, desde el clásico binomio cielo-infierno hasta el típico “más allá no hay nada de nada”. Sea como sea, lo que me pregunto es por qué a algunos nos asusta tanto, por qué damos por hecho que es algo malo. Igual es una auténtica pasada y los que nos quedamos somos unos pringaos.

Si seguimos aquel principio de nada se crea ni se destruye, la muerte sería una mera trasformación. Por ejemplo,… quizás morirse sea tan solo cambiar de estado: de sólido a gaseoso. Y si fuese así, yo no le veo más que ventajas, la verdad: se acaba el rollo de tener que andar cargando con el cuerpo a todas partes,… es el fin de las dietas, de las cremas antiarrugas, el adiós definitivo a las lentillas,… ¿Os acordáis de aquella canción de Mecano de alguien que soñaba que era aire? ¿Y si morirse fuese algo parecido? No sería tan malo, ¿no?

cielo_túnel Como en el mito de la caverna de Platón, no tenemos ni idea de lo que hay “fuera”. Lo que pasa es que lo desconocido siempre asusta y la incertidumbre siempre le pone a uno algo nervioso. Es más, en el mito de la caverna, por lo menos, veían sombras, pero con respecto a morirnos, ni siquiera nos podemos hacer una ligerísima idea. Bueno, en realidad, hay quien habiendo estado muy próximo a la muerte, cuenta algo de un túnel con una luz muy fuerte al fondo. Y a mí eso también me recuerda a cuando nací: el túnel, la luz,… Espero que cuando me muera, San Pedro no me dé un cachete para que llore como el que me dio el Dr. Pintado hace cuarenta años, sino un abrazo de bienvenida para que sonría y suspire aliviada porque, al final, yo tenía razón y morirse era algo genial.

Mientras llega y no llega ese momento, seguiré por aquí dando la lata con mi blog, empezando una dieta cada lunes para abandonarla el martes, llenándome da arrugas para no gastar en cremas y poniéndome las lentillas cada mañana, ¡ah!, no, espera, pero si no uso lentillas, eso me lo había inventado por poner un ejemplo baladí de algo que debe de ser bastante engorroso… Bueno, es igual, el caso es que ahora toca disfrutar de la vida, disfrutarla al máximo, porque por más que lo que venga después pueda ser estupendo, de momento, sigo prefiriendo quedarme por aquí 😉

Amara Castro Cid

Disfrutando de los que están

Para estas Navidades, como casi todo el mundo, tenía dos opciones:

  1. pasármelas llorando por los que no están o
  2. disfrutar de los que están.

Reconozco que me costó mucho escoger la segunda opción porque cuando hay ausencias, no es fácil elegir ser feliz sin sentirte culpable. Cuando añoramos a alguien muy querido cuyo vacío es imposible de llenar, cuando el dolor es de esos que desgarran el alma…, oye, parece mentira, pero resulta que si en algún momento nos permitimos ser felices, enseguida se asoma algo así como la culpa para fastidiarnos. Tiene bemoles, sin embargo, por lo visto, es una reacción muy normal y muy humana.

¡Pues no, me niego! Este año he mandado a la culpa a freír viento y me he reivindicado a mí misma mi derecho a ser feliz sin tener a la aguafiestas esa de la culpa rondando por ahí. Ya tenemos bastantes problemas el resto de los meses como para dejar que nos amarguen también las Navidades, ¿no os parece?

Cuando seamos muy viejitos y miremos hacia atrás, recordaremos los momentos que pasamos acompañados de la gente a la que quisimos, no aquellos en los que estábamos solos. En estas fechas tan especiales, quiero llenarme de risas, de emociones y de sensaciones compartidas. Después, cuando esté en una residencia rodeada de octogenarios como yo, me dedicaré a darles la tabarra contándoles, entre otras cosas, lo mucho que disfruté aquellas Navidades del 2015.

Así que, para estas fiestas, siguiendo la recomendación de una buena amiga (¡gracias Loles!), me he hecho el firme propósito de disfrutar de los que están. Cada minuto que pase a su lado, no me lo quita nadie. Y para que quede constancia y otros se animen a hacer lo mismo, aquí os dejo como ejemplo una foto de este fin de semana.

amigas_navidad

Aprovecho también para desear a todos mis queridos lectores un año buenas_amigasnuevo con mucha paz y buena compañía. Y a ti, Loles, mi más sincero agradecimiento por contagiarme tu visión siempre positiva de la vida y tu optimismo. Cuando los Reyes te pregunten si has sido buena, que no se te olvide recordarles que cada día eres un ejemplo para mucha gente como yo.

Amara Castro Cid